La arqueología y su importante aportación multidisciplinaria
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Diálogos

20 Mar, 2024
"La arqueología también es un ejercicio de conversación con otras disciplinas, de las cuales se alimenta y las cuales alimenta. Ahí el carácter científico se entrelaza para interpretar y generar nuevas hipótesis y tesis."

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Por: Emiliano Jijón

 

La arqueología se ha constituido en una ciencia reciente. Durante los siglos XVIII y XX, lo que existía eran asociaciones de anticuarios; personas ricas que se dedicaban a coleccionar piezas antiguas, ya sea vestigios romanos, griegos o de civilizaciones de la edad antigua. Esta afición de hombres ricos se fue desarrollando a tal grado que, para realizar excavaciones o exploraciones de campo, fue necesario emplear métodos y equipo militar. Pero, incluso en lo teórico, fue necesario emplear conocimientos de reciente divulgación, como el caso de la geología, con James Hutton. Esto dotaba de elementos básicos, que la primera excavación arqueológica llevada a cabo por Tomas Jefferson, había comprobado sobre la estratificación de la tierra.

Por supuesto, que la antropología y los estudios del hombre del siglo XIX y XX, con representantes como Bronislaw Malinowski, antropólogo polaco o Lewis Henry Morgan de origen estadounidense, quienes fueron una piedra angular que ayudó a entender que, todos esos vestigios son parte de un desarrollo histórico y no objetos estáticos y coleccionables. La ciencia y los estudios de la especie humana avanzaban y explicaban distintos fenómenos y problemas a la vez que ayudaban a solucionar otros, como las enfermedades. Pero también se erigía sobre la consciencia de la humanidad de nueva cuenta, los cuestionamientos sobre su pasado, sobre quienes construyeron o fabricaron esos objetos que se coleccionaban.

Se hacía evidente aquello de que, para comprender el presente, había que estudiar el pasado. Pero ¿cómo estudiar objetos de civilizaciones que se crearon hace mucho? Y, sobre todo, ¿cómo entender la función que estas pudieron haber tenido?

En esto radica la importancia de la arqueología y su necesidad de concebirse como ciencia, no la de los positivistas, sino una ciencia como lo concebía uno de los grandes arqueólogos, Vera Gordon Childe. La radical comprensión del pasado se daba por la comprensión de los fenómenos que envuelven la vida cotidiana de una sociedad, que, como la nuestra, vivió y vistió, pero bajo otras formas y otros contextos que incluyen hasta el ambiente climático. La realidad es una unidad de fenómenos que se manifiestan de formas distintas, pero que en la vida del ser humano tienen un impacto y viceversa, la actividad del ser humano tiene un impacto en el tiempo y en el medio en que se desarrolla.

La huella de la humanidad ha sido imborrable, tal vez medio borrosa para algunos casos, pero definitivamente algún objeto o vestigio que detrás de sí contiene toda una dinámica que implicó trabajo y conocimiento, quedará y perdurará y ello ha de ser encontrado por alguien preguntándose ¿cómo se hizo?, ¿por qué se hizo?, y ¿quién la hizo?

Pero claro que la arqueología también genera un trabajo de difusión, de aclaración y no se limita al trabajo de excavación que, por supuesto es muy importante, pero que no culmina ahí. La arqueología también es un ejercicio de conversación con otras disciplinas, de las cuales se alimenta y las cuales alimenta. Ahí el carácter científico se entrelaza para interpretar y generar nuevas hipótesis y tesis.

Hay grandes ejemplos que sobreviven hasta el día, sobre todo con la lingüística, como la famosa piedra rosseta, que contribuyó posteriormente a las expediciones a Egipto con el interés de estudiar su pasado y generó el nacimiento de la egiptología, donde Thomas Young científico y lingüista y Jean-François Champollion le dieron un salto con el desciframiento de los jeroglíficos y la escritura demótica ahí depuesta. Otro buen ejemplo, es el del lingüista soviético Yuri Knórozov, quien tuvo un papel muy importante en el desciframiento del código maya y ayudó a comprender la gobernabilidad de la ciudad de palenque.

Sin duda, estas aportaciones, siguen ayudando a la arqueología y la arqueología sigue nutriendo esas aportaciones. Pues nada está descubierto en su totalidad y aún nos falta mucho por aprender. Al menos en México, podemos ser testigos de los grandes vestigios del pasado, en la educación básica nos enseñan sobre el pasado prehispánico, por supuesto, en menor medida y con grandes deficiencias;  sin embargo, sabemos que hay mucho por aprender y descubrir, algo a lo que los arqueólogos mexicanos se abocan.

En el desarrollo del tren maya, por ejemplo, puso al descubierto la existencia de los sitios Paamul II y 8 Balas; en Paamul ll se pueden contemplar al menos 300 edificaciones y su importancia radica en que era un centro ceremonial y de importancia política maya y en 8 Balas un sistema de cuevas donde se encontró un templo también maya. Sin embargo, los sitios ya estaban registrados con anterioridad, han puesto de relieve la importancia de su conservación, pues estos sitios podrán aportar mucha información sobre la civilización maya.

El retrato de Tenochtitlan y el Tlalocan

De manera reciente, podemos encontrar ejemplos de ese diálogo de la arqueología con otras disciplinas y herramientas, que contribuyen no sólo al desarrollo de la investigación, sino a la divulgación y a la memoria histórica del pasado prehispánico.

En 2003 Sergio Gómez, arqueólogo que trabajaba para en la conservación del templo de Quetzalcóatl, descendió por un agujero que la lluvia de octubre de ese año había hecho en el piso. Al entrar por esa brecha, Sergio se percató que había un túnel. Sin embargo, los trabajos de exploración comenzaron años después, hasta la actualidad este hallazgo continúa estudiándose, pues su exploración ha tenido que ser meticulosa debido a las condiciones subterráneas, pero también, porque siempre proporciona información nueva.

En este proyecto, llamado Tlalocan, se ha distinguido el uso de escáner y dos robots el primer proyecto de exploración arqueológica en México que ha usado robots y gracias a estos, se pudo descubrir que al final de este túnel, había una cueva con tres cámaras.

Tlaloc 2. Foto © Xataka

La integración de la arqueología con el uso de herramientas como, por ejemplo, la mecatrónica en este caso es un paso gigantesco, como también lo es el que un estudiante del Instituto Politécnico Nacional haya participado con la construcción de este robot para un proyecto arqueológico.

Y lo que representa este proyecto en años de estudio y exploración hasta la fecha, se corresponde con el conocimiento enorme que implica poder conectar diversas teorías e hipótesis de forma científica, para entender el qué y el cómo hace 2000 años, los que tiene el túnel, los pobladores de Teotihuacán, lo recorrían. El pequeño robot, ayudó también a planificar la intervención que se llevaría a cabo más adelante para este tramo del subsuelo.

Otro ejemplo, es el del proyecto realizado por Thomas Kolees un artista visual y programador de origen holandés, que en el año 2023 estrenó uno de sus proyectos llamado “Retrato de Tenochtitlan”, realizado durante no más de año y medio y que, por supuesto, contó con la participación necesaria de investigadores arqueólogos. Como la profesora especializada en arqueología del paisaje y etnohistoria, Mariana Favila, quien aportó elementos que Kole se proponía documentar para poder construir o reconstruir la gran ciudad de Tenochtitlan, como la cuestión de la navegación prehispánica en los canales.

La necesaria presencia de especialistas, arqueólogos, antropólogos se mezcló en un modelo 3D o, por ejemplo, las técnicas de geólogos y geofísicos para explorar el suelo, ha podido ayudar para recrear de acuerdo con los estudios históricos que incluyen el análisis arquitectónico de las pirámides y las calzadas de la ciudad, así como a explorar túneles que hace 2000 años usaran los teotihuacanos. Detrás de lo sorprendente que parecen estos proyectos, hay toda una aportación de conocimientos que desembocan en el entendimiento y estudio de la historia y del pasado.

Así, gracias a los estudios arqueológicos, pero también antropológicos, arquitectónicos, combinado con el uso de la tecnología que, por supuesto implica el involucramiento de especialistas de otras áreas de conocimiento, de muchas décadas en México, se puede generar un proyecto que integre varios conocimientos y se materialice más allá́ de un museo. Y que, sobre todo, impacte en la población de la Ciudad de México, en su consciencia, sobre todo en la reflexión del pasado y el presente, en la reflexión sobre la historia y el conocimiento de la humanidad.

Esto puede ayudar a otros especialistas, para consultar y experimentar con nuevas formas de verter sus conocimientos en otras que impliquen la integración de otros conocimientos, incluso con las nuevas tecnologías y modelos de programación. Algo que seguramente, abre una nueva ventana para el trabajo arqueológico, el uso de más herramientas y conocimientos. Por supuesto, teniendo siempre en cuenta que el mayor beneficio es para la divulgación y el desarrollo de la sociedad.

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