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Diálogos

15 Feb, 2024
"En la conferencia de prensa los periodistas se encontraban ansiosos por conocer la historia de 'Humanos en cosméticos'. Ya no había manera de defender al empresario, todo se había vuelto perturbador como el inicio del caso."

Cuento

Por: Gabriela Canales

En la conferencia de prensa los periodistas se encontraban ansiosos por conocer la historia de “Humanos en cosméticos”. Ya no había manera de defender al empresario, todo se había vuelto perturbador como el inicio del caso.

En la sala de espera ambas miraban el suelo. Galia inhalaba con lentitud y se repetía para sí misma. Sólo se trataba de un juego con la prensa, que eran ellos quienes querían ese espectáculo para lucrar con él.

“Ese es su trabajo”, se repitió.

Vanessa comía galletas de mantequilla y un café mientras oía al maestro de ceremonias dar más detalles respecto al caso. Estaba ansiosa, y también hambrienta. Llevaba días comiendo poco y mal. Miró a Galia, se acercó con un vaso para servirle café, pero ella se apresuró a detenerla.

—Sabes que me provoca ansiedad, además no quiero que la prensa me vea más vulnerable de lo que ya soy…

—Siempre eres tan suspicaz, creo que necesitas trabajar un poco más en ello. Oye, ¿crees que están listos para saber la verdad?

—No, no lo están —dijo Galia tomando una botella pequeña de agua—. Sus miradas son como las de las aves. Los periodistas son eso: aves rapaces. Sus miradas van con el sector específico. A veces ellos evitan la verdad, aunque en los colegios nos enseñan que es la historia real la que debe salir. Cuando logran hacerlo —ya sabes: contar la historia— es responsabilidad del mundo y el mundo muchas veces prefiere ver a otro lado, donde ninguna atrocidad sucede, donde todo lo que hay enfrente es comida, lujo, seducción y perfidia.

—Tú siempre tan paradójica, pero nosotras somos quienes tienen todo…

—Lamento interrumpirte, es hora de salir. Toma aire, concéntrate, porque tenemos que hablarlo todo.

Después de darle otro sorbo a la botella de agua, Galia se acomodó el cabello y secó un poco el sudor de sus mejillas. Vanessa sonrió al ver cómo su amiga por primera vez se preocupaba por su aspecto.

Salieron al estrado, la conmoción de los invitados hablaba sólo con sus cámaras y los reflectores las cegaron. Con su tacto buscaron las sillas hasta que lograron sentarse.

El maestro de ceremonias siguió con la presentación, ambas podían controlar poco sus gesticulaciones, además de que sus oídos sólo percibían un pitido y un poco de ruido blanco.

La mente de Galia no estaba ahí: se encontraba bajo la lluvia en medio de la calle. Había un hombre alejándose con una sombrilla azul, secó su rostro, levantó el arma que tenía en sus manos y gritó el nombre de aquel (seguido de dos disparos).

Ella pegó un brinco y recobró la conciencia justo en el final de la introducción del maestro de ceremonias.

—Le cedo la palabra a la doctora Vanessa Feria y a la periodista Galia Begonia.

Galia se acercó al micrófono al ver que Vanessa buscaba los papeles del archivo. Comenzó con una sonrisa sincera, sus manos temblaban y entonces regresó la imagen del arma en sus manos, pero la realidad pudo más que con esa imagen mental.

—Bu… buenas tardes —su balbuceo se hizo presente, al parecer no se encontraba lista para la presentación—. Como ya saben…

Con una patada redirigió la atención de Vanessa en la conferencia, ésta acercó su micrófono y comenzó.

—Perdón, ya encontré la carpeta. Como saben esta investigación no inició con un detonante que nosotras hayamos encontrado, de hecho estábamos tomando un poco de café cuando llegó a nosotros esto.

Vanessa sacó la fotografía de un costal de harina con sangre y lo único que se asomaba eran mechones de cabello negro.

2 de septiembre

En la morgue fría, Vanessa tomaba un café mientras llenaba algunas formas. Cuando dieron las 17:00 horas llegó la camilla metálica con una mujer dentro de una bolsa de óbito, de ahí sacaron a una chica. Vanessa leyó el expediente y comenzó con la autopsia. Sin embargo, había algo que llamó su atención: la chica tenía signos de violencia, pero eso no aparecía en el expediente, como si simplemente no existieran.

Galia llegó al servicio y la dejaron entrar después de llenar una forma —si bien ahí decía qué era lo que vería, omitió leerlo y sólo pasó—.

—¿Viste lo que nos llegó? —saludó Vanessa—.

Galia negó con la cabeza, entonces Vane tomó su mano y la llevó hasta el cadáver de la joven. Galia la inspeccionó con cuidado, Vanessa le dio unos guantes y Galia se acercó al cabello de la chica: palpó la raíz de su cabello y luego se alejó.

—¿Dónde estaba, Vane?

—La encontraron en un costal en la colonia de ricos, cerca de nuestro sector; tenía huellas de violencia y asfixia…

—Además de residuos de cal y yeso —señaló Galia—.

—Lo notamos, Galia, pero es sólo del costal mismo.

—No lo sé, no es lógico eso último. ¿Ella está en el registro de personas desaparecidas? ¿Alguien ya vino a reclamar el cuerpo?

—No y no, por ahora.

Galia tomó el expediente y, en efecto, no había datos sobre esa chica en ningún lado del reporte. A Galia se le ocurrió un movimiento un poco arriesgado: tomó sus cosas y seguida por Vanessa, llegaron al sitio del hallazgo. Se trataba de una mansión blanca y minimalista.

Vanessa se acercó a una mancha roja seca y Galia había tenido razón en sospechar del yeso y la cal, parecía que habían intentado cubrirlo con otros costales de cascajo con el fin de que nadie notara la presencia de un cuerpo.

Ambas se acercaron a tocar el timbre, pero nadie contestó.

—El lugar lleva desocupado casi diez años —dijo el encargado de la compañía de casas en la zona—.

—De hecho, el único interesado había sido un asiático, pero desistió de la compra de éste. Lo que sí es que un hombre quiso dejar los materiales de su casa en construcción en la banqueta. No le dejamos, pero hizo caso omiso. Al día siguiente se recogieron todos los costales salvo uno, aunque eso le corresponde a la policía.

Las dos volvieron al servicio médico, los padres de la chica llegaron para recoger a su hija. Galia y Vanessa pidieron audiencia con ellos, se sentaron en un comedor dentro del hospital. No fue necesario que dijesen nada porque la madre fue la primera en hablar.

—Almendra era una chica muy inteligente —comenzó la señora entre sollozos—. Salía todos los días a pasear, iba a la escuela, sus notas eran las mejores, nunca le faltó nada.

—Nosotros le dimos todo, señoritas —continuó el padre de Almendra—. Ella sólo cambió de idea cuando… cuando lo conoció.

De su teléfono mostró la foto de su hija abrazada de un hombre mayor; Galia sintió un escalofrío.

—Galia, éste es Alejandro —soltó Vanessa—.

—Señorita, ¿usted lo conoce? —preguntó el padre de la chica—.

—Lo conocemos, señor, era nuestro amigo y…

—¿Usted cree —interrumpió Galia, mirando directamente al hombre— que pudo ser él?

—Señorita, realmente es la única persona que pudo hacerle algo a mi niña.

Vanessa les ofreció sus condolencias y los guio a la sala donde les harían entrega del cuerpo.

Galia miró a la nada, su respiración agitada estaba nublando su mente, no se le ocurría nada para lograr soluciones del caso. Sacó su teléfono y marcó al número de Alejandro, él contestó sorprendido, pero feliz por escucharla. Ella divagó un poco y le pidió una cita. Alejandro comenzó a reírse para luego colgar.

Galia dejó el teléfono en la mesita, maldijo al aire y sólo se sentó. Pasaron unos minutos cuando le mandó la dirección por mensaje de texto. Vanessa llegó con Galia, le preguntó lo sucedido y le contó todo.

Anocheció y Galia estaba vestida como si fuera a una gala, se miró al espejo y en sus ojos notó el vacío de alegría acompañado de dolor. Parecía que no podría deshacerse de él nunca.

—¿Segura de que te sientes lista para esto? —preguntó Vanessa al verla a punto de salir—. La última vez que supiste de él estabas en tu cuarto llorando como si te hubieran disparado.

Galia asintió y luego se marchó.

Minutos después, Galia llegó junto a Alejandro al sitio acordado; se sentaron y comenzaron a platicar cosas triviales para evitar levantar sospechas.

—¿Y qué tal tu vida, Gali? Supe que te casaste.

—Sí, llevamos unos años juntos, sólo que él está trabajando en el extranjero.

—Es una pena, yo no podría separarme de una mujer tan bella como tú.

—Pues era eso o morir de hambre, así que preferimos trabajar. ¿Y tú? ¿Qué más has hecho además de la cosmetología? —le dio un sorbo a su café—.

—Sólo hice un imperio, no es la gran cosa, es difícil tener modelos de prueba y casarme es aún más complejo, todas sólo buscan mi dinero.

—Entiendo. ¿Viste las noticias?

—¿Qué? ¿Las chicas encostaladas? Por favor, no me digas que estás en el caso. Se sabe que eres alguien que no defiende prostitutas.

—¿Eso eran?

—Pero por supuesto, una chica de esas edades debe estar en casa y no divirtiéndose.

La vista de ella se tornó borrosa, acercó su mano temblorosa hasta el cuello de la camisa de él, las manchas eran evidentes, pero Galia ignoró eso para desprender un cabello negro y grueso.

—Por lo que recuerdo tú estás solo.

Alejandro se levantó y Galia comenzó a correr tras él.

—Fuiste tú, ¿no?

—¿Para qué necesitas saber esa idiotez?

—Sólo quiero la verdad…

—La cosmetología no deja tanto dinero como tú crees, Galia, además parece que no viste todo el expediente o ¿no notaste qué les faltaba?

 

La memoria de Galia comenzó a trabajar.

—La forma de obtener más material es darle un poco de adrenalina, eso puede ayudar mucho para evitar el envejecimiento. La nueva idea de la industria es que ustedes puedan sentir de forma familiar cada producto. Fue sólo un experimento.

Alejandro besó a Galia alejándose bajo la lluvia, ella limpió su rostro, gritó su nombre y luego se escucharon dos detonaciones.

—Nombre de la detenida.

—Galia Begonia —dio un sorbo al agua y comenzó su declaración—. No es la primera vez que él abusó de alguien. Él era químico y siempre tuvo un interés especial por cómo los humanos podíamos contribuir en los cosméticos de forma activa. Jamás creí que fuera capaz de algo así. Todas las cremas de la compañía deben tenerlo…

—¿Y para qué el señor Albión querría los órganos de la joven?

Llamaron a la puerta: era un oficial que entró con la necropsia de Alejandro. Lo que encontraron en el cuerpo provocó el vómito de los policías y médicos forenses.

El caso se cerró tras la conferencia y el escándalo prevaleció por muy poco tiempo.

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