Nadie escoge esta vida
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Diálogos

2 Ago, 2022
“En un mundo donde la trata de personas está documentada en 175 naciones y en el cual el comercio sexual junto con la venta de armas y drogas son los negocios más rentables, las mujeres somos un plato de botana más.”

Crónica: segundo lugar

Por: Yamil Andrea Colín Fonseca

Lo que para mí es un viernes social, para otras es una noche más de trabajo.

Viernes a las 10 de la noche, dos amigos pasan por mí y uno de ellos insiste en que no vayamos, pero yo quiero saber cómo es el ambiente en un table dance.

Llegamos a Calle Siete #209 en la colonia Juárez Pantitlán, en el Municipio de Nezahualcóyotl. Al bajarme del carro no puedo negar que los nervios se hicieron presentes… Solo había un pequeño local de comida abierto, a lado había un zaguán seguido por un terreno de aproximadamente 2 mil metros cuadrados, pero sin ventanas ni puertas, solo un letrero con letras rosas que decía “SCALLA”.

Tocamos la puerta, había un patio grande donde se encontraban algunos carros estacionados, un señor con traje nos recibió y preguntó qué si ya habíamos ido, a lo que uno de mis amigos respondió que sí. Nos echó gel antibacterial y comentó que teníamos que pedir algo de comida porque habían abierto como restaurante y continuó con la frase: “Consuman lo que quieran, pero no se enamoren”, con un amargo sabor, entramos.

Un establecimiento totalmente oscuro, donde solo alumbraba letreros y adornos fosforescentes, había alrededor de 50 mesas con manteles blancos y tres sillas cada una, en medio se encontraba una pista de baile y era el único lugar iluminado.

En frente de mí, había un grupo de cuatro hombres, a mi lado derecho solo un señor y alrededor del lugar un total de 30 meseros, abrí la primera cerveza y pasó caminando una chica con leotardo y otra con un vestido naranja, ambas con tacones de más de 10 centímetros, con peinados sencillos, un maquillaje excesivo, pero con la mirada perdida.

Llegaron más hombres y también aparecían más mujeres; jóvenes, un poco más grandes, altas, chaparritas, delgadas y otras más llenitas, con vestidos, faldas, shorts o solo con ropa interior, unas de la Ciudad de México y otra de África… vidas que nunca se debieron cruzar, mujeres que podían crecer, desarrollarse en otro ámbito laboral, viajar, conocer y ser felices, porque realmente, quien se dedica a vender su cuerpo jamás lo hace por gusto o por decisión propia.

Mujeres que piensan: ¿Qué tiene de malo vender mi cuerpo, si es lo único que tengo para vender?, que son tratadas con desprecio aun cuando logran liberarse, a las que se les habla y se les refiere despectivamente porque “son prostitutas” y carecen de derechos, niñas que desde pequeñas descubren que ser mujer es una pesadilla y que son víctimas de sus dueños de vida, de la policía, de los hombres, es más, son víctimas hasta de las propias mujeres que se creen con el derecho de juzgar lo que hacen.

En un mundo donde la trata de personas está documentada en 175 naciones y en el cual el comercio sexual junto con la venta de armas y drogas son los negocios más rentables, las mujeres somos un plato de botana más.

Los meseros toman de la mano a las chicas y las llevan a distintas mesas, los hombres les invitan un trago y hay algunas que llegan y preguntan: “¿Vas a querer o no?”, en cambio, hay otras que optan por palabras como: “Hola mi amor, estás muy guapo”, pero ambas terminan sentándose en las piernas de un hombre o solo en la mesa.

Apenas llevaba una hora en ese lugar y con el señor de mi derecha ya se habían sentado tres mujeres diferentes, en la pista, al ritmo de la canción Un sueño y nada más, de Polo Montañez, se encontraban cinco chicas bailando con sus respectivas parejas, a lo lejos, alcance ver una mujer vestida diferente, traía un vestido más largo y unas zapatillas bajitas, me sorprendí tanto cuando noté que era la novia del hombre con el que bailaba. ¿Tan normalizado está que haya mujeres que tengan que venderse para comer?

Tras acabarnos las cervezas optamos por irnos, no sin antes dejar propina al mesero, al de la entrada y al que cuidó el carro, que era más a fuerza que voluntario, ni siquiera puedo imaginar la cantidad de dinero que se obtiene de este negocio.

Una experiencia única, pero en definitiva que jamás repetiría. Necesitamos hacer consciencia, porque en efecto, somos conscientes, sabemos que es lo que pasa, pero no dimensionamos que hay detrás, no pensamos que son niñas que robaron de su país, que llegaron a México en busca de oportunidades laborales o que simplemente se encontraron con personas que no debían.

Mientras siga la demanda, la oferta no se detendrá, me es inconcebible la idea de que por un rato de diversión con tus amigos sigas incitando a que haya más niñas secuestradas y obligadas a trabajar de esta manera, creo que todos deberíamos plantearlos las preguntas: ¿Y si fuera mi hermana? ¿Mi amiga? ¿Mi mamá? ¿Mi hija?, no podemos creer que es algo que ellas deciden porque no es así, nunca es así, ¿Quién en su sano juicio le gusta que un hombre desconocido la toque?

Las imágenes de las mujeres sentadas en las piernas de los hombres siguen tan inmersas en mi mente, porque no puedo entender el grado de cosificación al que hemos llegado, o bueno, el que siempre ha existido.

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