Ser una periodista; del acoso a la autodefensa
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Diálogos

7 Jun, 2022
“Respaldada por la malentendida ‘libertad de expresión’, mujeres periodistas son continuamente amenazadas y acosadas en el campo laboral, un problema que ha aumentado de manera alarmante en los últimos años, debido a la falta de regulación de los discursos de odio. Esto ha llevado a cerca de 20% de las mujeres periodistas a abandonar las redes sociales y a 11% a dejar el periodismo por completo, según una encuesta realizada por la UNESCO y el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ).”

Por: Diana Leaños Jácome

Mientras que cientos de mujeres periodistas de alrededor del mundo se reunían en la conferencia del Día Mundial de la Libertad de Prensa en Punta del Este, Uruguay, realizada del 3 al 5 de mayo de 2022, una cosa es segura, no hay una sola manera de identificarse ni como mujer, ni como periodista. Sin embargo, hay algo que ambos grupos comparten: el acoso.

Respaldada por la malentendida “libertad de expresión”, mujeres periodistas son continuamente amenazadas y acosadas en el campo laboral, un problema que ha aumentado de manera alarmante en los últimos años, debido a la falta de regulación de los discursos de odio. Esto ha llevado a cerca de 20% de las mujeres periodistas a abandonar las redes sociales y a 11% a dejar el periodismo por completo, según una encuesta realizada por la UNESCO y el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ).

“En este mundo salir de las redes sociales significa ser silenciado”, dijo Julie Posotti, vicepresidenta de ICFJ, también asegura que los grandes medios de información no tienden a actuar en contra de las agresiones que reciben sus periodistas, dejándolos solos.

Posotti también compartió que, a pesar de sentirse segura realizando su trabajo, sabe que es una de las afortunadas, puesto que ella ha sido una víctima de acoso cibernético al defender a otras periodistas que sufren de mayores amenazas en otras partes del mundo. Al ser una periodista, tu trabajo de todos los días está lleno de odio, y es todavía peor al cubrir temas de género.

Foto: © Diana Leaños Jácome

Foto: © Diana Leaños Jácome

Laurel Miranda, una periodista trans mexicana que solía trabajar con algunos de los medios de comunicación más importantes del país relató cómo es que su trabajo fue removido y borrado de las plataformas de internet, porque el medio recibió muchas “quejas” y ataques acerca de su línea editorial, pero en realidad los ataques iban dirigidos hacia Laurel, solo por ser transexual.

La violencia algunas veces es fomentada por los mismos medios de comunicación, debido a su falta de respuesta, lo que hace que el trabajo periodístico resulte aún más precario, teniendo entonces mayores amenazas que pueden resultar en la criminalización de las periodistas e incluso el asesinato.

“Estaba siendo censurada por un medio que me había asegurado contaba con una línea editorial incluyente”, explicó Miranda, ya que hablaba constantemente de temas relacionados con la comunidad LGBTQ+. Las agresiones no solo surgieron desde la censura de los editores, sino que se extendieron hasta presuntos grupos radicales feministas.

“Cuando te quejas te llaman exagerada o histérica y te terminan excluyendo de la narrativa”, aseguró la periodista contando con sus dedos, hay muy pocas personas trans ejerciendo el periodismo. Por esa misma razón, Laurel quiso hacer un llamado a la comunidad trans, ya que el periodismo es una profesión difícil, pero para ella vale la pena contar las noticias con una perspectiva que deje de estigmatizar a los grupos vulnerables. Para ella vale la pena cambiar la narrativa.

La cofundadora brasileña de “Nós, Mulheres da Periferia”, Jéssica Moreira, también hizo hincapié en la necesidad de cambiar la manera en la que se cuentan las cosas. “Necesitamos que las mujeres se apropien de sus historias y de su propia narrativa”, alentó Moreira mientras enfatizaba que Brasil es todavía un con un alto índice de racismo y clasismo, especialmente para las personas de color y las que viven en las periferias. La periodista también señaló que su país es el número uno en transfemicidios.

“No me siento segura siendo periodista en mi país, de hecho, no me siento segura siendo periodista en ningún país del mundo”, se lamentó la brasileña ya que considera hay una crisis a nivel global de los medios de comunicación y la democracia que no termina de comprender el trabajo de las mujeres, y que termina por criminalizar a las personas que levantan la voz. “El periodismo esta aquí, y el periodismo hecho por mujeres esta aquí para cambiar esas historias”,

La periodista mexicana de renombre, Carmen Aristegui compartió durante la conferencia “Respuestas de la sala de redacción en contra de la violencia online de las mujeres periodistas”, su experiencia enfrentando la censura, lo que la llevo a abrir su propia plataforma y medio de información. Esta solución en contra del veto editorial trajo consigo nuevas formas de acoso, que provenían desde el estado como lo son el acoso judicial y la persecución gubernamental. Ante esto la mexicana aseguró que las herramientas que tienes para defenderte son muy pocas o inexistentes.

Aristegui lanzó la pregunta al foro acerca de cómo se espera que el periodista se defienda de un tipo de acoso que se caracteriza por ser anónimo, por lo que la mayoría de las salas de redacción deciden abrir una sección o grupo de género “como si fuera suficiente”.

Foto: © Diana Leaños Jácome

Foto: © Diana Leaños Jácome

 

Julissa Mantilla Falcón, la presidenta de la Corte

Interamericana de Derechos Humanos, repitió durante sus participaciones en las distintas conferencias que las mujeres periodistas no solo van a sufrir de la violencia y acoso solo por ser mujer, sino que sufrirán la doble opresión de ser mujer y periodista, por lo que se pregunto: ¿Dónde están los hombres durante estas conferencias?

“Cuando las mujeres empezaron a alzar la voz, la ley no las protegió, los medios de comunicación no las protegieron, la sala de redacción tampoco lo hizo; cuando denuncias, la ley viene por ti en lugar de tu agresor”, sentenció la abogada puesto que ella considera que los problemas de género no son una falta de ley, sino una falta de empatía.

“No estamos pidiendo favores, estamos pidiendo justicia.”

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