Por Jonnathan Emilio Velasco Fragoso
La noche del 24 de enero de 2026 quedó marcada para siempre en la historia de Chicago y del baloncesto mundial. En el United Center, los Chicago Bulls retiraron oficialmente la camiseta número 1 de Derrick Rose, convirtiendo un recuerdo vivo en un legado eterno. No fue una ceremonia cualquiera. Fue el reencuentro de una ciudad con uno de sus hijos más queridos. Derrick Rose, nacido y criado en Chicago, volvió a casa para recibir el homenaje más grande que una franquicia puede ofrecer: ver su número elevado a las vigas del estadio que lo vio cambiar el destino del equipo.
Seleccionado como la primera elección global del Draft de 2008, Rose llegó a los Bulls cargando las esperanzas de una ciudad que aún vivía a la sombra de su glorioso pasado. Muy pronto, esas esperanzas se transformaron en realidad. Con un estilo explosivo, valiente y electrizante, devolvió a Chicago al protagonismo de la NBA y encendió una nueva generación de aficionados.
Su momento cumbre llegó en la temporada 2010-2011, cuando fue nombrado Jugador Más Valioso de la liga, convirtiéndose en el MVP más joven en la historia de la NBA. Aquella campaña, los Bulls terminaron con el mejor récord de la liga y alcanzaron las Finales de la Conferencia Este, algo que la franquicia no lograba desde la era de Michael Jordan. La noche del homenaje estuvo cargada de emoción. Acompañado por su familia, antiguos compañeros y miembros clave de la organización, Rose observó cómo su camiseta ascendía lentamente mientras el público lo ovacionaba de pie. Las lágrimas no tardaron en aparecer, no solo en el rostro del jugador, sino también en las gradas, donde miles de aficionados reconocían todo lo que Derrick Rose significó para ellos.
Las lesiones, que interrumpieron abruptamente su ascenso, nunca borraron su impacto. Al contrario, su lucha silenciosa y su perseverancia lo convirtieron en un símbolo de resiliencia, humildad y amor por el juego. Rose no solo representó talento, representó identidad. Con este acto, Derrick Rose se une a un grupo selecto de leyendas cuyos números han sido retirados por los Chicago Bulls, junto a nombres como Michael Jordan, Scottie Pippen, Bob Love y Jerry Sloan. Su camiseta ya no volverá a ser usada, no por falta de jugadores, sino porque ese número ya tiene dueño para siempre.
Esa noche, Chicago no sólo retiró una camiseta. Chicago guardó su rosa más preciada. Y la colocó donde pertenece: en lo más alto, para que nunca deje de florecer.