Como humanos buscamos expresarnos y sentirnos representados. Sin embargo, en la época victoriana del siglo XIX, decir lo que se sentía era visto como un símbolo de debilidad, falta de autocontrol y mala educación. A los habitantes de aquel entonces no les quedó más remedio que recurrir a mensajes codificados mediante el uso de flores, práctica que se le conoció como floriografía.

Este método, influido por el romanticismo, se caracterizó por ser un gesto que cumplía con la necesidad de demostrar sentimientos: amor, tristeza, luto, desprecio, admiración, etcétera.

Con el tiempo, la popularidad de este acto derivó en la creación de diccionarios sobre el lenguaje, para que de esta manera las personas supieran qué flor sería más oportuna. El primer diccionario fue Le Langage des FleursEl lenguaje de las flores de Louise Cortambert. Aunque es francés, sugirió a las flores como un símbolo.

Oscar Wilde propone a través ellas una identidad social dentro de su contexto: vivió en una época de represión hacia la homosexualidad, por lo que recurrió al usó simbólico del clavel verde como una forma sutil de expresar identidad y reconocerse con otros dentro de círculos afines.

Foto © Balam Trejo
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