Por Jonnathan Emilio Velasco Fragoso
En el techo del United Center cuelgan telas que parecen inmóviles. Para el aficionado son números, fechas, apellidos gloriosos. Para María Estela Parra son horas de trabajo, puntadas exactas, dedos cansados, decisiones invisibles que sostienen la memoria de una ciudad. Ella no jugó en la duela ni levantó trofeos, pero su oficio convirtió los triunfos en objetos permanentes. Lo que se celebra arriba nació primero en una mesa de trabajo.
Orígenes: del oficio al destino
María Estela Parra nació en Guadalajara, donde aprendió a coser antes de entender que ese gesto repetido podía ser una profesión. Emigró a Chicago buscando estabilidad. No llegó con un plan de grandeza; llegó con manos entrenadas para hacer bien lo que sabía hacer. La grandeza apareció después, cuando su oficio se encontró con la historia del deporte.
El taller donde se fabrica la memoria
Desde finales de los años ochenta trabaja en W.G.N. Flag & Decorating Company, un taller histórico que confecciona banderas, estandartes y banners para eventos cívicos y deportivos. Ahí el proceso es manual: se traza, se corta, se cose. No hay atajos. Cada número se arma por capas; cada letra exige simetría y peso visual. El margen de error es mínimo porque lo que cuelga del techo se vuelve parte del relato oficial de una franquicia.
Los nombres que ya son historia
Por sus manos pasaron los banners de campeonatos de los Bulls y los números retirados de leyendas como Michael Jordan, Scottie Pippen, Jerry Sloan y Bob Love. Cada pieza exige semanas de trabajo. No hay glamur en la repetición paciente; hay rigor. El resultado, sin embargo, termina en el centro del espectáculo.
El número 1 y el peso de un símbolo
Cuando la franquicia decidió retirar el número de Derrick Rose, el encargo volvió al mismo lugar: el taller donde se honra la memoria. El banner no es una tela cualquiera; es un veredicto histórico. Coser ese “1” fue, para Estela, una tarea técnica y emocional: medir para que el número dialogue con los otros, elegir materiales que resistan el paso del tiempo, cuidar cada costura porque el error quedará expuesto a la vista de miles de personas durante décadas. En una liga como la NBA, retirar un número es escribir un capítulo definitivo. Ella ayudó a darle forma física a ese capítulo.
El trabajo invisible que sostiene lo visible
Nadie corea el nombre de quien cose el banner. Nadie le pide autógrafos a la costurera del campeonato. Pero el deporte necesita de estas manos anónimas para convertirse en ritual. El oficio de Estela recuerda que la épica también se construye lejos de las cámaras: en la constancia, en la precisión, en el respeto por el objeto que va a representar a toda una ciudad.
Identidad, migración y pertenencia
La historia de María Estela Parra es también la de miles de migrantes que sostienen industrias enteras sin figurar en los reflectores. Su trabajo no “acompaña” la historia de los Bulls: la materializa. Cada banner es un puente entre la celebración pública y la disciplina privada.
Cada puntada afirma que la memoria no se improvisa; se fabrica con cuidado. “Ser de México es aprender a resistir sin perder la ternura.”